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Fisiología
del sueño
El sueño
es una situación fisiológica y natural del organismo,
en la que se produce una pérdida reversible de la consciencia
y de la actividad motora. El individuo, cuando está dormido,
presenta una pérdida total o parcial de la capacidad de responder
a estímulos externos, en función de que el sueño
sea profundo o no.
Por su
parte, la vigilia es lo contrario al sueño, y corresponde a cuando
el individuo está despierto.
Durante
esta fase de vigilia, el cerebro presenta una gran actividad, ya que
debe analizar toda la información que procede de los sentidos
y de los órganos internos, y además mandar órdenes
a los músculos o a otros órganos para dar lugar a una
respuesta. Por contra, durante el sueño, la cantidad de estímulos
que pasan por el cerebro es mucho menor. La fase de vigilia va a generar
un trabajo y una fatiga en las neuronas, mientras que el sueño
es un mecanismo para lograr el descanso de las mismas.
El sueño
es, por tanto, una función básica del organismo, y esto
queda patente en el hecho de que un ser vivo puede aguantar más
tiempo sin comer que sin dormir.
Las necesidades
de sueño depende de la edad. Un recién nacido está
dormido casi todo el día, y según va creciendo, aumentan
sus períodos de vigilia. De esta manera, los niños a partir
de los 4 años y hasta la adolescencia se vuelven hipervigilantes,
y no precisan de la siesta, aunque por las noches pueden dormir fácilmente
10 horas. Los adultos presentan grandes variaciones, pudiendo dormir
de 5 a 9 horas diarias, aunque suelen necesitar de una pequeña
siesta, sobre todo a primeras horas de la tarde. Finalmente, los ancianos
tienen un sueño más ligero, lo que les lleva a despertarse
varias veces durante la noche. Sin embargo, estos individuos suelen
dormitar a lo largo del día.
Control
del ciclo sueño-vigilia
El ciclo
sueño-vigilia va a ser controlado por el cerebro. Este ciclo
es por lo general rítmico, es decir, a lo largo del día
se alterna una fase de vigilia con una fase de sueño.
Dentro
del cerebro, existe una región conocida como formación
reticular, que va a mandar estímulos a la corteza cerebral, produciendo
la estimulación de la misma y haciendo que el individuo permanezca
despierto. La activación por parte de esta región va a
ser potenciada por estímulos procedentes de los sentidos, como
un calor o frío intenso, hambre, sed, posturas incómodas,
ruidos intensos, un exceso de luz... También puede ser estimulada
por las emociones intensas, como preocupaciones o una alegría
intensa. Por lo tanto, estos estímulos van a mantener el estado
de vigilia y van a impedir el sueño.
Además
de esta formación reticular, en el cerebro aparece otra región
específica, conocida como centro del sueño. Su función
es mandar periódicamente señales que van a bloquear a
la formación reticular, impidiendo que ésta active al
cerebro, y produciendo por tanto que el individuo se duerma. Este centro
del sueño es estimulado por la tranquilidad, el bienestar, estímulos
auditivos o sonoros repetitivos (por esta razón, mucha gente
necesita leer para dormirse)...
Definición
del insomnio
El insomnio
es la alteración del sueño más común. Es
uno de los síntomas más frecuentes que afectan a la población,
precedido sólo por el dolor. Cerca del 10% de la misma lo presenta
de manera crónica, y casi el 50% lo padece en algún momento
de su vida. El insomnio afecta en gran medida a la población
anciana, y sobre todo a mujeres postmenopáusicas.
Se caracteriza
por una de las siguientes características:
a) Incapacidad
por parte del individuo para conciliar el sueño.
b) Aumento del número de despertares nocturnos.
c) Disminución del tiempo de sueño, despertándose
el individuo demasiado temprano.
d) Sensación de que el sueño ha sido insuficiente.
Causas
del insomnio
Este cuadro
puede ser originado por causas fisiológicas, psicológicas,
psiquiátricas u originado por medicamentos.
a) Causas
fisiológicas. Destaca el intentar dormir en un ambiente desagradable,
con calor o frío excesivo o demasiado luminoso o ruidoso. También
es común que aparezca en caso de enfermedades que dificulten
la respiración del individuo, como el caso del asma o la apnea,
en menopausia o embarazo, artritis u otras enfermedades que originen
un dolor.
El estilo de vida puede inducir también la aparición del
insomnio. El uso de alcohol, tabaco o bebidas estimulantes antes de
dormir pueden favorecer el insomnio. También la realización
de un ejercicio físico o mental justo antes de acostarse. Sin
embargo, realizar ejercicio por la tarde puede favorecer el que el individuo
se duerma.
Finalmente, el insomnio puede estar asociado también a personas
que presentan cambios en su horario de sueño, como en aquellos
que trabajan de noche. Es común que aparezca en viajeros que
vuelan a zonas horarias distintas, fenómeno conocido como "Jet-lag".
b) Causas psicológicas. Las emociones son importantes
estimulantes de la corteza cerebral. De esta manera, el estrés
y otros acontecimientos personales (afectivos, laborales) pueden inducir
la aparición del insomnio.
c) Causas psiquiátricas. La depresión, ansiedad,
anorexia nerviosa o crisis psicóticas pueden dar lugar a insomnio.
d) Uso de medicamentos. Existen medicamentos estimulantes nerviosos,
como las anfetaminas, descongestivos respiratorios, antidepresivos,
corticoides, cafeína, teofilina.
También se puede producir insomnio cuando se produce una retirada
brusca de medicamentos hipnóticos. Este efecto puede dar lugar
a pesadillas, por lo que el individuo vuelve a tomar los sedantes y
esta es la causa de su dependencia. La retirada de estos medicamentos
se debe hacer por tanto de manera gradual, y bajo control médico
o farmacéutico.
Clasificación
del insomnio
Existen
distintos tipos de insomnio, y cada uno de ellos presenta un tratamiento
distinto, por lo que es necesario conocer cuál es el que sufre
el paciente para poner un tratamiento individualizado.
Según
la duración del insomnio, podemos clasificarlo en:
a) Transitorio.
Dura sólo unos pocos días y a continuación desaparece.
Se da en individuos que no han tenido nunca problemas de insomnio, pero
que por situaciones concretas y transitorias se encuentran hiperexcitados,
como en el caso de estrés por trabajo o por exámenes,
en fechas especiales como en los días previos a una operación
quirúrgica o a una boda, por ejemplo. No es recomendable ningún
tratamiento, ya que este tipo de insomnio desaparece a los pocos días.
Lo mejor que se puede hacer es intentar eliminar la causa que origina
el estrés.
b) De corta duración. Dura un máximo de 4 semanas, y suele
ser causado por situaciones estresantes más graves que las anteriores,
como el insomnio que se produce en caso del fallecimiento de un familiar,
problemas económicos...
c) De larga duración. Permanecen durante un período superior
a un mes. Sus causas son múltiples y muchas veces no están
claras. En este caso sí se puede instaurar un tratamiento con
fármacos hipnóticos.
También
podemos clasificar el insomnio en función de cómo se produzca:
a) Inicial.
Al individuo le cuesta mucho trabajo conciliar el sueño, aunque
cuando lo hace no suele despertar en toda la noche.
b) Medio. El individuo no le cuesta empezar a dormir, pero sufre numerosos
despertares a lo largo de la noche, que pueden hacer incluso que no
vuelva a dormirse.
c) Terminal. El individuo duerme bien, pero se despierta antes de lo
normal.
Prevención
del insomnio
Antes de
instaurar un tratamiento, el paciente debe de tomar una serie de medidas
que pueden ayudarle a evitar su insomnio.
Lo primero
que hay que tener en cuenta, es que no todo el mundo al que le cuesta
dormir, es un verdadero insomne. El individuo debe de permanecer tranquilo
y no obsesionarse con su dificultad para dormir, ya que si lo hace,
cada vez le será más difícil lograrlo.
No es necesario
dormir 8 ó 10 horas diarias, pudiéndose vivir perfectamente
aunque sólo se duerman 5 horas al día. Cada persona tiene
unas necesidades individuales, y el dormir menos que otras no quiere
decir realmente que se sea insomne.
Por otra parte, es absolutamente normal que los pacientes ancianos duerman
menos de noche, pero eso no supone que se pueda producir un daño
en su organismo, sino que es una situación normal y fisiológica
que acompaña a la vejez.
Es importante
para evitar el insomnio tomar una serie de medidas:
a) Hora
de acostarse. El sueño presenta un ritmo, que si nos saltamos,
puede dar lugar a alteraciones del mismo. En primer lugar, el individuo
debe tratar de dormirse más o menos a la misma hora todos los
días, ya que si se acuesta antes, el organismo no reconoce que
ha llegado su "hora de dormir", y no lo va a hacer. Permanecer
en la cama despierto, sobre todo cuando al día siguiente se debe
de madrugar, puede dar lugar a una ansiedad origine una dificultad para
dormir.
b) Hora de despertarse. También es importante tener constancia
de que la hora a la que nos levantamos, condiciona la hora a la que
nos entra sueño. Se debe por tanto intentar levantarse siempre
a la misma hora, incluidos los fines de semana, o por lo menos hacer
que estas horas no difieran demasiado.
c) Siestas. Una persona que presenta insomnio, no debe nunca
intentar recuperar el sueño perdido durante el día, ya
que esto agravará su insomnio nocturno. El individuo debe intentar
mantenerse despierto. Después de la comida, que es la hora a
la que uno suele echarse la siesta, es recomendable realizar alguna
actividad que nos distraiga e impida que nos durmamos.
d) Alimentación. No es recomendable irse a la coma con
hambre o con el estómago demasiado lleno. También hay
que tener en cuenta que ciertos alimentos pueden estimular la corteza
cerebral, sobre todo infusiones estimulantes como el café, el
té o el mate. Por tanto, no deben de consumirse estas sustancias
por la tarde, como regla general, y deben de ser evitadas en pacientes
con insomnio. De igual manera, alimentos como la leche, ricos en triptófano,
pueden producir ciertos efectos sedantes.
e) Ejercicio. Realizar un ejercicio a lo largo del día
puede originar un cansancio beneficioso, pero si se realiza 3 horas
antes de acostarse, puede dar lugar a una estimulación nerviosa.
Se debe evitar por tanto realizar ejercicios a última hora de
la tarde.
f) Ritual. Seguir una serie de pasos antes de acostarse, como
puede ser ponerse el pijama, lavarse los dientes, cepillarse el pelo
o tomar un baño, puede dar a entender al organismo que se acerca
la hora de dormir.
Lo más
importante es que el individuo se relaje antes de acostarse. No tiene
sentido intentar dormirse cuando uno está hiperexcitado, por
lo que previamente pueden ser útiles medidas de relajación.
El ambiente en la habitación debe ser el adecuado, con una iluminación,
temperatura y nivel de ruidos adecuados. Además, el individuo
debe evitar todas aquellas situaciones que le preocupen, por lo que
se debe evitar mirar el reloj. Si aun así, la persona no puede
dormirse, es preferible levantarse de la cama y esperar a que la entre
sueño, antes que quedarse en la cama.
Tratamiento
El insomnio
es un cuadro bastante complejo, lo que dificulta también su tratamiento.
Tenemos que tener en cuenta que su origen puede ser o no conocido.
Si tiene una causa conocida, es mejor realizar un tratamiento que elimine
aquello que está produciendo el insomnio, que tratar el propio
insomnio. Cuando desaparezca el factor desencadenante, el individuo
podrá volver a dormir. Así, la psicoterapia, la realización
de actividades lúdicas o recreativas o llevar a cabo técnicas
de relajación, pueden ser medidas útiles para eliminar
el insomnio, y el individuo no tiene por qué recurrir al uso
de medicamentos.
Más problemas supone el insomnio a largo plazo, cuando su etiología
se debe a multitud de factores o éstos son desconocidos. En éste
caso sí puede ser necesaria la administración de fármacos
sedantes.
El insomnio
se trata con fármacos sedantes o hipnóticos.
Durante muchos años se utilizaron los medicamentos conocidos
como barbitúricos. Son potentes hipnóticos pero
presentan ciertos inconvenientes, entre ellos su toxicidad. Además,
los individuos que toman estos medicamentos durante largos períodos
de tiempo, necesitan cada vez mayores dosis para generar los mismos
efectos (fenómeno conocido como tolerancia). Por otra parte,
cuando se retira el fármaco de manera brusca, el individuo suele
sufrir de intranquilidad, ansiedad e insomnio, por lo que se genera
una dependencia del barbitúrico, llegándose a veces a
transformar en verdaderos drogadictos. Así, se estima que aproximadamente
el 15% de la población italiana necesita de pastillas para dormir,
y la situación en España es similar.
Actualmente, los barbitúricos se han visto sustituidos por otros
medicamentos más seguros, como son las benzodiazepinas, entre
las que destaca el diazepam, que es el principio activo del Valium.
Estos medicamentos tienen buenos efectos tranquilizantes y sedantes
y son menos tóxicos que los barbitúricos. Sin embargo,
también pueden producir fenómenos de dependencia y tolerancia
si se usan durante largos períodos de tiempo.
Por lo tanto, las benzodiazepinas deben utilizarse en personas
aquejadas de insomnio transitorio. En el caso de insomnio crónico,
se pueden utilizar de manera intermitente, para evitar la aparición
de tolerancias. Además, no debe cesar la administración
del medicamento de manera repentina, sino que antes se deben de ir disminuyendo
las dosis para que el individuo se acostumbre a dormir sin pastillas
y no genere fenómenos de dependencia.
Tanto los barbitúricos como las benzodiazepinas, son medicamentos
cuya dispensación es exclusivamente con receta médica.
Sin embargo, existen otros medicamentos que pueden utilizarse para tratar
el insomnio y que se pueden dispensar sin prescripción del médico,
ya que forman parte de especialidades farmacéuticas publicitarias.
Entre estos medicamentos, destacan los antihistamínicos H1.
Son fármacos que se han utilizado frecuentemente para el tratamiento
de la alergia o del mareo producido en viajes. Uno de sus efectos secundarios
es la sedación que producen, por lo que se utiliza dicha reacción
adversa para tratar el insomnio.
Estas sustancias presentan por lo general, efectos secundarios leves
y transitorios, y no generan dependencia ni tolerancia. Por lo tanto,
se pueden utilizar para el tratamiento tanto del insomnio de corta duración
como el insomnio crónico.
Finalmente, los pacientes aquejados de este cuadro pueden recurrir al
uso de ciertas plantas medicinales, algunas de ellas muy conocidas,
como la valeriana, la melisa, la tila, el azahar, la menta, la pasiflora
o el espino blanco. Estas especies presentan unos efectos hipnóticos
ligeros, por lo que suelen utilizarse combinadas. Sus efectos secundarios
son nulos o de escasa gravedad, y su eficacia puede ser suficiente para
tratar ciertos casos de insomnio leves o moderados.
Sin embargo, como los antihistamínicos H1 y las plantas medicinales
se pueden utilizar sin que el médico las prescriba, se debe tener
especial precaución en pacientes con características especiales,
como madres embarazadas o lactantes, niños, ancianos o personas
con patologías de cierta gravedad (glaucoma, insuficiencia cardiaca,
insuficiencia renal o hepática, depresión). Si el paciente
está en uno de estos grupos, debe consultar antes a su médico
o farmacéutico.
Finalmente, es muy importante tener precaución cuando se usa
un sedante y se tiene que conducir o realizar una actividad considerada
como peligrosa. Todos los hipnóticos, incluidas las plantas medicinales
pueden producir cierta sedación durante el día, haciendo
que aparezca una pérdida de concentración que puede desencadenar
importantes accidentes de tráfico o laborales. El paciente debe
asegurarse que su tratamiento no le afecta durante el día antes
de realizar dichas acciones.
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